El volcán de la Palma


Desde el mismo momento de la erupción del Volcán de La Palma, todos hemos tenido el corazón en un puño por nuestros vecinos de esta isla conocida como la «Isla Bonita». No le faltan razones para llamarse así, desde luego.

He estado pensando mucho en si escribir o no sobre el volcán.
Os cuento un poco cómo lo he vivido, tanto a nivel personal como a nivel fotográfico.

Hace unos meses ya, desde que el volcán decidió alterar las vidas de los palmeros y en parte de muchos de nosotros.


A nivel personal, se me encogió el corazón ver cómo la vida de muchas personas se vieron alteradas con este evento de la naturaleza. Empaticé desde el primer momento, y tras semanas y meses, no me puedo hacer una idea de cómo podría «yo» rehacer mi vida si me quitan todo lo material que tengo a excepción de pocas cosas almacenadas en un polideportivo.

Y luego está mi otro lado de Mr Hide… Ese fotógrafo de naturaleza que siempre está atento a cualquier cosa que se salga de lo normal poder tener la oportunidad de captar una fotografía única y diferente. Esa fotografía que hace que te sientas vivo tras un visor. Y que sólo los que tenemos esta misma pasión pueden comprender lo que significa hacer estas fotografías, vivir el momento y lo que hace que nos olvidemos de lo que gira al rededor nuestro. Sólo existe la naturaleza y nuestra cámara.


Escasos días después de la erupción, muchos fotógrafos, que pudieron, se desplazaron a la isla para comenzar a retratar este momento histórico. Mucho se ha dicho sobre estos fotógrafos y por compartir «historys», «estados» y demás.
Que si eran unos aprovechados, insensibles… etc.
Me sorprendieron mucho ciertas reacciones negativas hacia ellos. Es más, estas acciones me hicieron pensar sobre la posibilidad de ir yo también a hacer fotografías del volcán. Al menos hizo que tuviera un debate interno sobre la moral o sobre la oportunidad que los fotógrafos vemos, y que otras personas no pueden ver.
Durante esos días de confusión, de alteración de estados emocionales, y de noticias confusas y en muchas ocasiones sensacionalistas, todo fotógrafo que pusiera una imagen de allí (y siempre y cuando no fueran de la isla, este dato es importante…), se les enviaban a galeras.

Formas caprichosas del humo. ¿Veis la cara?


Y de repente todo cambió. Al menos lo que yo percibí. Y fue que el Cabildo indicó que teníamos que ir, teníamos que ir para seguir apoyando el sector del turismo. Lo que viene siendo seguir dejando dinero, además de aportaciones y donaciones, a un sector que vive de las personas que vamos a deleitarnos de la belleza que se concentra en La Palma, y por qué no, disfrutar del espectáculo de un volcán.
Porque sí, a parte del daño y del dolor que está ocasionando el volcán, es un espectáculo único que nos brinda la naturaleza.
Siempre, desde el respeto, siempre sin obstaculizar las labores de control, seguridad y apoyo de los diferentes cuerpos de seguridad que desempeñan su actividad en la isla. Siempre en seguir las indicaciones, y si algo está prohibido, no hacerlo. Y no obstaculizar. Y ante todo, respeto.

Quizás fuera casualidad, pero tras este tipo de mensajes, las personas tan críticas fueron desapareciendo. Y es normal. Y sobre todo que esto pase al principio de estos eventos tan dolorosos para la población. Pero con el tiempo se ha visto que visitar la isla, genera ingresos para los vecinos. Alojamientos, gasolina, alquileres, supermercados… Todo un círculo de economía que se debe seguir alimentando.


¿Y por qué no fomentar el turismo seguro y sostenible? Creo que es una gran oportunidad para darle la vuelta a esta situación. No digo hoy, ni mañana, pero seguro que es una gran oportunidad para mucha gente que se ha quedado sin su medio de vida.

Y aquí estoy yo, un fotógrafo abrumado por la solidaridad con nuestros vecinos, y abrumado por un espectáculo único en la naturaleza, y como aquel que dice, a la vuelta de la esquina de mi país.
Así que maleta en mano, y acompañado de mi amigo de fatigas fotográficas, coges un vuelo amenazado por cancelaciones de último minuto por la ceniza me dirijo hacia La Palma, sin saber muy bien con qué te vas a encontrar.

Y de repente, te encuentras con esa realidad que tantas veces ves en la televisión. UME, guardia Civil, vecinos que nunca se pueden acostumbrar a ese ruido amenazante… Un zumbido roto por el latido de las explosiones como un ritmo de un corazón sin piedad.
El olor a azufre, la ceniza cayendo sin parar sobre los pueblos y los vecinos.
Un duro golpe de la realidad cotidiana que tienen que soportar estoicamente nuestros vecinos. Barrer, recoger, barrer, recoger… Así día tras día.


Qué decir de la experiencia. Algo único que se vive con todos los sentidos, porque sí, sientes el volcán bajo tus pies con sus temblores y terremotos. Todo un espectáculo. Quizás el mayor espectáculo de la naturaleza. Al menos de lo que yo he vivido.

Ahora que se ha acabado la actividad del volcán, es tarea de todos seguir ayudando, difundir lo que allí se vivió y que no se quede en el olvido una vez que los geólogos se retiren, y los medios de comunicación miren hacia otro lado.

Ahora es tiempo de que los políticos cumplan, y ayuden a nuestros vecinos a rehacer su vida.

Ahora más que nunca, tenemos que estar con La Palma.